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El cerebro 2.0

Juan Pablo Haupt

Juan Pablo Haupt

  • 4 min to read
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Mientras las computadoras se integran en las escuelas se reanima el debate acerca de los efectos de las nuevas tecnologías en el cerebro humano. En un extremo, los conservadores apocalípticos advierten que la web está atrofiando el cerebro de nuestros hijos. En la otra punta, los entusiastas reciben con los brazos abiertos cada nueva tecnología como un avance democrático y liberador. En el medio, entre quienes ven sólo involución y quienes ven sólo evolución, hay tantas posiciones como personas. Pero olvidaremos a conciencia los innumerables grises reduciendo la inasible “naturaleza” humana a sólo dos tipos de personas, los que están a favor de las tendencias y los que están en contra. Tomaremos la simplificación propia de las democracias bipartidistas: dos grandes bandos, conservadores y progresistas.

Después de todo, en cada momento crucial de la historia emergen herramientas impulsadas por unos y resistidas por otros. Cuando surgió la escritura, Platón se opuso a su divulgación argumentando que atentaba contra la memoria, guardiana de la tradición oral, que no respondía como los maestros ni gesticulaba como los oradores, que podía ser manipulada por los sofistas o caer en manos de los simples, provocando malos entendidos y atentando contra la República. Dos mil años después, no quedan cuerdos que cuestionen la escritura. Hoy la pulseada entre los eternos rivales, que cambian de lenguaje y de cuerpo, gira alrededor del mundo web.

En el número tres de la revista Orsai, José Cervera plantea una defensa contra los ataques del libro “Superficiales”, de Nicholas Carr. De un lado, Carr afirma que algunas características de internet, como el hipertexto, la multiplicidad de fuentes, la velocidad, nos vuelven más compulsivos, distraídos, dispersos, intolerantes, superficiales, inconstantes, atentando contra el conocimiento introspectivo, el pensamiento profundo y la especialización propia de las disciplinas convencionales. Del otro lado, Cervera contesta reivindicando otra forma de inteligencia, elevando lo “superficial” sobre lo “profundo”. Plantea que la introspección puede conducir a un abismo estéril en la medida que excluye las conexiones múltiples, la explosión de novedades y la circulación de sentidos. Invierte los valores señalando las ventajas de los “bajíos de la mente”. Cree que las nuevas ideas, que luego conforman el saber, surgen en una zona fértil que está en los límites de las disciplinas, no en sus profundidades. Y, por lo tanto, concluye que la web nos está otorgando una inteligencia interdisciplinaria, creativa y mejor adaptada para el siglo XXI.

Detrás de los detalles, se esconde el debate maniqueo de siempre. Uno percibe que la web nos cambia para bien, acercándonos creativamente al paraíso terrenal. El otro percibe que la web nos cambia para mal, acercándonos arrogantemente al mismo infierno. Pero lo más significativo es que los dos están de acuerdo en una cosa: la web nos cambia decisivamente. Desde el garrote en adelante, las tecnologías nos atraviesan modificando estructuralmente nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza, con los otros y con nosotros mismos. Somos un animal tecnológico, nuestras herramientas cambian el mundo y los esquemas cognitivos mediante el cual lo percibimos y lo formamos. Por eso, hoy las neurociencias, la psicología, la pedagogía y otras ciencias sociales, estudian los efectos 2.0. Mientras el mundo no se detiene y las maestras reemplazan, con más o menos entusiasmo, el puntero por el cursor.

¿Qué perciben ustedes? ¿La web nos hace mejores o peores? Los invitamos a tomar partido o a hilar tan fino como quieran.

Juan Pablo Haupt

Juan Pablo Haupt

Comments:

  1. marcos

    marcos

    October 27, 2021

    Con un smart phone en el bolsillo, tres computadoras en casa y seis propias en la oficina, me animo a sentir que al igual que el papel impreso y la television o cualquier desarrollo en la tecnologia de la informacion; todas prometen un increible potencial teorico pero el resultado es una inundacion de destructividad para la consiencia individual. Desde la biblia hasta el programa de polino y llegando a facebook y twiter se puede ver el peso de la desalmada ignorancia parada en un pedestal de autoridad ficticio, concedido quizas por la masividad de un medio. La evolucion tecnologica es un tren que no se va a detener y la verdad no se que sentir al respecto.

  2. Rulo

    Rulo

    October 27, 2021

    No diría que la WEB nos hace mejores, pero sin dudas nos pone en la posición desafiante de tener que "discriminar" (palabra que pareciera ha adquirido connotación negativa) y "seleccionar" dentro de un mar de información, posibilidades y estímulos, que antes no teníamos. Esto para mí es EL desafío y personalmente me gusta que el factor limitante se vuelva uno y no el entorno. Necesariamente hace que tengamos que tener nuestros objetivos y prioridades muy claros. Creo que la resistencia al cambio es inherente al ser humano y que manterse al margen de esta revolución es mucho más dificil que lo que fue en revoluciones anteriores, por la velocidad de los cambios y el impacto en la vida de las personas. De nada sirve intentar frenar una avalancha con nuestros brazos. No vamos a poder frenar este fenómeno, pero sí tomar una posición y decidir qué hacemos con ello.

  3. Juancruzmolina

    Juancruzmolina

    October 27, 2021

    No creo que la web te haga mejor o peor. Si veo que en el mundo de hoy es una herramienta que te da acceso a una infinidad de posibilidades, informacion, trabajos, contactos, entretenimiento, etc. Sin embargo, como la mayoria de las cosas en la vida, todos los excesos pueden transformarse en algo toxico. Tanto el abuso de la web u otra tecnologia, como el desuso de la misma nos lleva a la desconeccion del sistema por exceso o por defecto. La pregunta tambien podria ser... que tan conectado al sistema queres o tenes que estar?

  4. pedrochain

    pedrochain

    October 27, 2021

    si no necesito un martillo, no lo uso... aunque vengan todos los carpinteros del mundo y quieran convencerme de sus ventajas. lamento no tomar partido; creo que el ser humano en esencia sigue siendo el mismo, independientemente de las herramientas que sea capaz de crear...

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